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INFIDELIDAD

by / Saturday, 29 March 2014 / Published in Lifestyle

INFIDELIDAD
sus atractivos, significados y fatalidades
Por Nivia Guerra /Psicóloga Criminóloga

¿Por qué se engañan entre si las parejas que parecen amarse?
Esta es una pregunta típica de personas acostumbradas a cubrirse los ojos con el fin de no ver las respuestas que encuentran, para luego extrañarse a boca abierta cuando las ven.
Son muchas las respuestas posibles a esta pregunta y podrían contener numerosas explicaciones, algunas de ellas serían sustentables, pero acomodadizas en mayor número. La explicación más dogmática propone que los humanos estamos diseñados orgánicamente para convivir apareados.

Como si esta combinación fuese el resultado de un impulso programático configurado en nuestro software biológico. La explicación de tipo cultural es más humana e indica que no hay tal programa fijo, que el humano es como una página en blanco sobre la cual se puede escribir lo que sea. O sea, que somos entrenados desde la infancia para vivir emparejados, de lo contrario andaríamos en soltura libre para generar caóticos embrollos combinatorios de géneros binarios.
Como quiera que sea, en ambos escenarios, en realidad todos somos capaces de engañar a la persona con la cual convivimos aunque sintamos amor por ella. O sea, que la fidelidad y la infidelidad hacia la pareja en la especie humana pertenecen ambas al ámbito mental del libre albedrío. Esto quiere decir que el hombre y la mujer tienen el poder soberano de elegir voluntariamente cualquiera opción que se ubique más allá de las fronteras emocionales establecidas por el noble sentimiento del amor.

Y al respecto me pregunto si es el caso de aceptar como explicación alternativa el hecho aparente que en todas las épocas ha predominado siempre un déficit espiritual de lo que debiera ser el sentido de la moderación y de la responsabilidad individual hacia el sentimiento del amor.

Déficit de compostura que nos predispone también hacia la aceptación del desamor y de sus hirientes daños colaterales, como parte constituyente de nuestras costumbres y no de nuestra naturaleza. Ese poder mental que consiste en ejercer la libertad de actuar para cambiar o incumplir los protocolos del apareamiento, sería, en consecuencia, parte del software humano más elevado y básico en la escalada evolutiva.

O sea, el ejercicio de la discrecionalidad y de la libertad de elegir siempre, como lo demuestra el famoso personaje mesiánico, revolucionario y viral llamado Leo en el film The Matrix.

Socialmente hablando parece que a primera vista en todas las civilizaciones históricas y actuales es más aceptable la infidelidad masculina que la femenina y esto me obliga a tratar de entender el por qué de esta desigualdad de enfoques y actitudes frente a la conducta sexual entre los géneros.

Es decir, la condescendencia social hacia la traición masculina y, sobre todo, la existencia misma del evento considerado como traición, ya sea masculina que femenina.

Y al respecto confieso que me extrañan mucho los aspavientos de sorpresa contra la traición femenina porque es inconsistente con las pruebas numéricas. Ya que para que un hombre traicione a su pareja debe haber una tercera persona con la cual perpetrar dicha traición.

De manera que socialmente hablando y en base a la aritmética de los grandes números tanto los hombres como las mujeres traicionarían ambos por igual. Aunque en realidad haya una distribución desigual del volumen de traiciones. O sea, que algunos quizá una minoría acumularían más cantidad de traiciones que el resto. Y que otros, quizá la mayoría, tendrían en términos per-cápita menos traiciones, o nada. Igual a como pasa con la distribución desigual de la riqueza. Pero parece que la aceptabilidad social de la traición masculina comparada con la femenina es mayor.

En mayor o menor medida todas las sociedades del presente tienen algún grado significativo de contaminación de ideologías misóginas y machistas las cuales determinarían la exclusión injusta de la mujer de los beneficios establecidos es base a los principios de la igualdad universal de los derechos humanos y civiles.
Situación injusta que se asegura mediante la educación del comportamiento humano desde la infancia en desventaja discriminatoria de la integridad y de los derechos de la mujer.

Y lo más aberrante es culpar a las mujeres por la infidelidad masculina señalando comportamientos provocativos de la hembra humana como causa de la misma, ya que en la naturaleza animal es más bien el macho quien estimula a la hembra con su ropaje vistoso y sus briosos rituales de acoplamiento. O sea, que la hembra humana habría conquistado un liderazgo sexual que la hembra animal no tiene y hay una cultura masculina de condena contra estas formas residuales de antiguos dominios matriarcales.

Esta condena dogmática contra el carisma seductor de la mujer es aún más discutible cuando se juzga al hombre como un ser primitivo y débil, que lo rinde indefenso frente a la tentación femenina del sexo, como si el acto sexual fuese algo impropio y despreciable. Notarán que en este escenario irracional la monogamia tendría todas las de perder como resultado de una masculinidad impulsiva, primitiva y salvaje y una feminidad sexualmente dominante.

Lo cierto es que la traición es causa principal de ruptura, despecho, dolor, odios y venganzas no solo entre parejas, sino también dentro de la familia y, sobre todo, en el mundo político y empresarial. La traición y la infidelidad es una constante universal con la cual tenemos que lidiar diariamente.

Por lo que mi recomendación a ti sería al estilo de una prédica ética dominical, pero basada en el Código de Hipócrates, un médico famoso de la antigüedad griega durante el Siglo de Pericles, quien nos dijo: “Nunca ocasiones perjuicios ni injusticias”

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